En ¿Y lo jugado, quién me lo quita?, el futbol se convierte en una metáfora de la vida, para honrar amores, deseos, amigos, momentos, hechos, circunstancias, alegrías y anhelos que le han otorgado valor al ser y al hacer que somos. El futbol y la literatura armonizan para hacernos reflexionar, pensar, imaginar y recordar todo lo que tenemos acurrucado en la memoria y el corazón.