ESPAÑA SE MERECE DEMOCRACIA DIRECTA

ESPAÑA SE MERECE DEMOCRACIA DIRECTA

$ 220.00
Pesos mexicanos (MXN)
Sin stock. Pedidos: Llame o Escribanos
Editorial:
ZUMAQUE
Año de edición:
ISBN:
978-84-938222-8-6
Páginas:
106
Encuadernación:
Rústica (pasta blanda)
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Es más fácil tener miedo en los políticos que afrontar una responsabilidad ciudadana. Es que hay que hacer cosas además de hablar; por uno mismo, por el propio país, para que esto mejore.áConsidera al opositor político casi como su mejor aliado, pues la política necesita negociar con las ideas del otro; sabe que no puede contar nunca con toda la razón y que el otro también la tiene. Así que ni siquiera cree bueno cumplir todas sus propuestas, pues estaría excluyendo a las de los demás.áNo comparte la crisis general contra los políticos de la Transición y respeta mucho las bases que tenemos, un gran éxito después de salir de una dictadura, ápues sin ellas no se puede avanzar.Es necesario recuperar la complicidad del ciudadano y que el político recobre su dignidad. Pero ¿Qué tiene la democracia participativa en España no tenga? Pues Ordás enumera: Participación, listas abiertas y políticos voluntarios. Y añade que si él fuera político en España no soportaría solo la que les está cayendo.áLa vida en general no tiene color sino conveniencia, utilidad y oportunidad. Fumar, comprar aviones, el aborto, la pareja gay o un rescate financiero no serían asuntos de izquierda ni de derecha, sino de interés general. Y, además, que cuando el de enfrente no te da la razón no seria por mala leche, sino porque él tiene otras. El conservadurismo y progresismo en realidad no están tan reñidos.áPor encima de todo, Ordás posee una gran liberalidad de miras: para él vale aquello que se prueba que funciona. De hecho, insiste, quien gana pero se equivoca, está perdido.Y entonces, el Ciudadano Ordás, se indigna y se pregunta: ¿Por qué? ¿Por qué somos peores al resto? Detrás de ese somos peores sospecha que se hallaría un soterrado somos únicos. Tal vez un Spain is different. Y Ordás asegura que, para bien o para mal, no somos distintos.

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