La persona se constituye como un sistema formado por tres componentes que se relacionan e interactuán entre sí: biológico, psicológico y social. La intervención del profesional en el domicilio solo será adecuada si la prestación de la ayuda es de carácter integral y atiende todas las necesidades que puedan surgir en torno a los diferentes componentes del ser humano. Esta visión integral requiere que se abandone la perspectiva reduccionista y asistencial y la atención sociosanitaria se preste de una manera holística que atienda la globabilidad de la persona y su relación con el entorno y las estrategias que puede emplear para actuar al respecto. De esta manera, la intervención contribuirá al desarrollo, la rehabilitación o el mantenimiento de las capacidades del usuario y al incremento de la autonomía en su desempeño e interacción con el entorno.