érase u vez un hombre sabio llamado Jacob, padero de profesión. Cada maña, mientras el pan se cocía en el horno, Jacob se entretenía anotando en pequeños recortes de papel sus pensamientos más profundos, pero un buen día uno de los papelitos acabó extraviado en la masa de un panecillo. Fue así como el pueblo entero llegó a conocer la inteligencia y la bondad de un hombre capaz de entender al prójimo y resumir nuestro destino en us pocas palabras atidas y simples que ahora aparecen reunidos en Las migas de oro >. Este breve y precioso compendio de sabiduría ha acompañado ya a millones de lectores y ahora aparece por fin traducido a nuestra lengua para ayudarnos en la difícil tarea de comprender el mundo que nos rodea y la vida que nos ha tocado en suerte.