El primer propósito del arte y del teatro es mejorar la vida. La que se relata en la obra y que se presenta en el escenario, y por consecuencia, la propia vida del lector, del espectador. En el objeto artístico la intención ejemplar es el gran motivo. Todo lo que ocurre en la obra de teatro es para observar la realidad, para poner la en duda, para criticarla y mejorarla. Lo curioso es que obras artísticas escritas varios siglos atrás sigan teniendo vigencia en ese propósito de observar, dudar, criticar la realidad y tratar de mejorarla. Esa vigencia tiene que ver con el funcionamiento interno de la obra. En el caso de Romeo y Julieta, con la fuerza dramática que William Shakespeare le imprimió. Temas como el amor eterno sólo son posibles en idealizaciones artísticas porque los seres somos perecederos. Pero el arte sirve para que reflexionemos virtudes humanas como la fidelidad, la pureza, el entusiasmo para reflexionar también los defectos como la pasión, la obsesión, el odio.