En los años de la Primera Guerra Mundial y durante la época revuelta de la posguerra, la correspondencia entre Sigmund Freud en Viena y Sándor Ferenczi en Budapest alcanza su mayor frecuencia. A pesar de vivir a una distancia de pocas horas en tren el uno del otro, raras veces pueden reunirse. Intentan, por lo tanto, sustituir el contacto personal por el escrito, y se van conociendo mucho mejor, no obstante, la separación geográfica.