El hombre tiene u extraña tendencia a dejarse domir por sus ideas y sus prejuicios. Mucha gente sostiene que lo peor del hombre está en su animalidad y en sus ´bajos instintos´. Yo sostengo que lo peor del hombre está en sus prejuicios, en la falacia de muchos de sus principios. Con extrema facilidad el hombre cae en sus propias trampas mentales, se deja hipnotizar por ellas, se somete y las erige como bases sólidas, es decir, vive esclavizado por sus prejuicios. Las guerras, la violencia o la crueldad del hombre en contra del hombre no ocurrirían si no existiera este fatismo tan acendrado. Es inútil razor en contra de la ley del talión, el maniqueísmo, el maquiavelismo, el puritanismo, la doble moral, el estoicismo y muchas trampas mentales que han pululado a lo largo de la historia. Lo único que podemos hacer es observar y revisar cómo se origin estos prejuicios, cómo el hombre incuba en su propia razón tales falacias. Este procedimiento es u verdadera deconstrucción, es decir, u operación que consiste en demostrar cómo habríamos de percibir las cosas para lograr detectar las lentes de color que nos distorsion la realidad. La operación no es fácil, pero hagamos el intento...