Alma Reed conoció por primera vez a Carrillo Puerto en una recepción oficial brindada a los científicos y exploradores estadounidenses, o los ´´yucatólogos´´ (como los llamaron en el medio local), que integraban la expedición arqueológica cubierta por ella como reportera. Luego de ser presentada con el gobernador Carrillo Puerto, la periodista se acercó al general brigadier William Barclay Parsons, miembro de la junta directiva del Instituto Carnegie y el integrante de mayor jerarquía en el grupo, para comentarle la impresión que le había provocado el gobernador. Parsons, un ingeniero de vías férreas, creador del sistema del tren subterráneo de Nueva York, supo expresar la reacción de asombro que era evidente en todos sus compañeros expedicionarios al murmurar al oído de Reed: ´´Éste es el dragón rojo más atractivo que yo haya visto en cualquiera de mis safaris.. ¿Qué le parece a usted, jovencita?´´ Con total convicción y sin dudarlo, ella respondió: ´´Él es mi idea de un dios griego´´. Por su parte, el amor que su ´´niña periodista´´ despertó en Carrillo Puerto lo condujo a traducir el nombre y el apellido de alma al maya yucateco: Pixan (Alma) Halal (Reed, caña en español). La primera vez que me senté a leer estas cartas me sentía como un intruso porque ante mis ojos discurrían las apasionadas palabras de Felipe -mecanografiadas con tinta roja en papel membretado del Partido socialista del Sureste-, que expresaban su profundo amor por Alma, su deseo de mejorar el estado de sus ´´inditos´´ y de iniciar una vida conyugal con su enamorada en Mérida. Sin embargo, no todas eran cartas de amor apasionado. Felipe también le comunica la información que Alma le pide sobre los recientes hallazgos arqueológicos, la creación de La Casa del Niño -la cual ella cree que se inspira en La República de Platón- y el estatus de las modernas leyes de divorcio instituidas por su prometido -esto antes de haber conocido a la ´´flor más bella del norte´´.